La soledad de este momento es algo íntimo en donde nuestras limitaciones, complejos y debilidades nos son reflejados. No somos capaces de ver lo negado en nosotros hasta que tenemos la claridad suficiente para reconocerlo, de ahí viene la máxima de Cristo: “Señor perdónalos, porque no saben lo que hacen”. No tiene el ánimo de hablar de esto con otros, acaso la confesión sea un consuelo. La sinceridad consigo mismo es el bálsamo perfecto para confrontarnos. Solo precisa compasión y sinceridad para aceptar las falencias y, a veces, severas limitaciones personales. Sinceridad es el paso número uno para comenzar a ser íntegros, humanos y aspirar a la felicidad como una experiencia continua y real. No se adhiera a la incomodidad que le produce esta toma de conciencia. No se reproche o juzgue. La respuesta a su pregunta es que a pesar de cualquier contexto sea siempre fiel a sí mismo(a), si es preciso sea reservado(a) con quienes le rodean, acepte sus errores y sobre todo acepte que puede equivocarse pues usted, humanamente hablando, no es perfecto(a). Quien no se equivoca no aprende.
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