Quirón
Quirón en la mitología griega era un centauro, un respetado, venerado y protegido de los señores del Olimpo. A él los dioses del panteón, le encargaban la preparación, estudio y adiestramiento en diversas disciplinas, de sus hijos. Gran cazador, astrólogo, matemático y poeta, por nombrar algunas de sus artes. Era tan completo que se le consideraba un mentor y un maestro. Sin embargo se le recordaba especialmente por su capacidad como gran sanador. Tenía el don maravilloso de curar todo tipo de heridas. Es lo que en nuestros tiempos se llamaría un nagual, un chaman de la tribu. Capaz de entrar en diversas y contrapuestas materias con gran eficiencia. Un ser así está entre este mundo y el otro constantemente. ¿Comienza a comprender? Al salir esta carta se le pide que se abra a su lado mágico y al poder de sanar a otros. Todos tenemos esta capacidad, generosa y divina dentro de nosotros solo que en algunos se vuelve parte de su destino. Cuenta la mitología que Quirón era un semi dios y por lo tanto era inmortal. En una tarde de juergas se encontraba rodeado de sus discípulos y en medio de la algarabía a uno de ellos se le escapa sin querer una flecha cuya punta estaba cubierta con el veneno de la Hidra, el ser más ponzoñoso y destructivo de la región. Por supuesto no existen las casualidades y esta flecha va a dar en una de las caderas del centauro Quirón, quien debió padecer por muchas centurias esta herida imposible de sanar por el enorme poder del veneno y por su condición de inmortal. El mensaje para usted es que reconozca esa zona herida e incurable y del mismo modo acepte el dolor como un maestro más que una maldición eterna. Con el tiempo se volverá más vulnerable, empático(a) y sabio. Acepte su capacidad para sanar a otros justo en el lugar donde usted tiene su herida y a pesar de todo usted no puede sanar. Por ejemplo si reconoce que su herida tiene que ver con no poder encontrar un propósito para su vida sepa que usted puede ser un gran sanador para otros y ayudar a encontrar el camino espiritual y misión a otros. Lo bueno de todo esto es que cada vez que lo ponga en práctica con otros, su sensación de dolor pasará cada vez más desapercibida. Muchas veces solo logramos sanar a otros cuando nos ponemos en su lugar.
