Perdón
El momento es apropiado para confrontarse con la emoción más detestable de todas: el odio. Un ejercicio sugerido: escriba primero todo lo que surge espontáneamente tal como si tuviera enfrente a la persona que le gatilla algún rencor. Raye con fuerza el papel, escriba garabatos grandes y atroces, destruya al otro con el lápiz, el papel aguanta mucho. Nadie saldrá herido. Luego de hechos los descargos podrá prepararse para enfrentar a la persona de carne y hueso y podrá decirle todo con serenidad pro activamente, desde el corazón. Las emociones como el odio son reprimidas desde muy temprana edad, precisamente porque no son bien recibidas o porque no podemos tolerar amar y odiar a alguien a la vez. El problema está que mientras no viva su odio tampoco podrá vivir su dicha. La emoción es como un río, como la Vida, si altera y estanca el curso también estanca sus posibilidades de amar a esa persona. De eso se trata esta carta con su claro perfil de sanación. El perdón es la forma de fluir de nuevo. No importa si la persona que perdone o a quien pida perdón no le entiende, no importa si está muerta, no importa si le cuesta. El perdón es el agua bendita que lava todos los corazones de la impureza y el error de cargarle al otro la culpa. No existe forma de alcanzar plenitud sin el perdón, pues la culpa siempre acecha detrás del odio y del ego. La culpa es responsabilidad de todos, primero del que comete un error por generar el odio y del que no perdona porque eso mata la posibilidad del amor y sin amor solo podemos perpetuar el odio. Perdóname, lo siento, te amo, gracias.
