Paciencia
No se trata de una espera insufrible, más bien es una ardiente impaciencia. Todo está en su lugar y cada parte se ha integrado como un todo. Su energía esta alta y vibrante y siente deseos de mover el universo de un lado al otro, siente el deseo y la claridad para actuar, sin embargo aún no es tiempo, es preciso la demora. La perfección del tiempo y las sincronías comienzan a tomar forma definitiva y solo resta esperar. Esta paciencia se basa en el conocimiento de que se ha hecho todo lo humanamente posible y solo resta que el universo se manifieste. La esfinge de piedra espera el tiempo eterno, el león acecha su presa, el hombre espera lo que pretende. Los Mayas, los “Señores del tiempo” comprendían muy bien que cuando hablaban de tiempo se referían a magnitudes. La paciencia es entonces una virtud, pues no se puede llamar de otro modo a la actitud de esperar con energía contenida cuando existen vidas, sueños, urgencias y proyectos esperando por manifestarse. Si ha escogido esta lámina es porque que la impaciencia y la fuerza es un rasgo de su naturaleza. Solo se le pide que acuda a su luz interior, a su Tao, a ese estado del Dharma donde todo se mueve a pesar de estar quieto. La duración en la paciencia es una actitud sabia. Su destino está trazado y solo debe esperar que tome forma. Paciencia requiere para meditar, para conocerse, para lograr algo tangible en la vida, para que crezca el bebe antes del parto y para que el agua se junte en el pozo. Es hoy y aquí donde más precisa de la fuerza espiritual. Mientras tanto es preferible que salga y comparta una buena copa de vino con sus predilectos amigos, que se relaje y acepte el timing del universo.
