Inicio » Blog » Oráculos » Chocolate para tu alma » El engaño de las palabras
https://www.cotillon-de-fete.fr/
https://www.cotillon-de-fete.fr/gambling/
https://www.cotillon-de-fete.fr/bonus-casino-acceptant-les-joueurs-belges/
https://www.cotillon-de-fete.fr/tours-gratuits-acceptant-les-joueurs-belges-casino-en-ligne/

El engaño de las palabras

Se habían reunido para debatir metafísicamente un monje tibetano y un eremita hindú. Durante horas se enredaron en opiniones, puntos de vista y concepciones filosóficas. El monje tibetano aseguraba:
– Todo es inestable, insustancial, vacuo.
El renunciante hindú replicaba:
-No es cierto. Hay una sustancia perenne, un ser trascendente.
Con irrenunciable actitud cada uno defendía sus opiniones.
– Nada es fijo -aseguraba el monje tibetano-. Todo son procesos que no cesan. No hay otra ley que la de lo insustancial y vacuo.
– Todo es permanente -categorizaba el eremita hindú-. Hay una identidad fija, sustancial y trascendente.
La disputa no cesaba. Ningún entendimiento era posible. Los disputadores se habían acalorado y sus gritos atrajeron la presencia de un anciano lama. Pidió una explicación y los disputadores se la ofrecieron. El anciano soltó una sonora carcajada.
– Os propongo un ejercicio -dijo-. Quiero que cada uno de vosotros defienda ahora la postura opuesta a aquella en la que creéis. Luego pasaré a veros.
Comenzó otro tipo de disputa más ardiente y enconada que la anterior. El monje tibetano aseguraba:
– Hay un principio fijo y trascendente. Aseguro que hay un alma que pasa de vida en vida.
El eremita hindú, indignado, protestaba:
– Nada puede reencarnar, puesto que todo es vacuo, impermanente y transitorio. Está en la naturaleza de las cosas su inestabilidad.
Cada uno de ellos, ahora convencidos de sus nuevas opiniones, acertaba implacablemente. Pasó por allí de nuevo el venerable y viejo lama. Les contempló enardecidos en sus opiniones y estalló en otra sonora y descarada carcajada. Los disputadores suspendieron su discusión, se quedaron por un momento pensativos y luego, medio avergonzados, también comenzaron a reír.
Las palabras van y vienen como la moneda falsa que unos tratan de pasarse a los otros; en ellas mismas residen la limitación y el engaño.

Simple Share Buttons