Dolor
El dolor es una experiencia no siempre conocida para nosotros pues, solamente hablando desde el punto de vista biológico, cada vez que tenemos una dolencia o herida en el cuerpo, el mismo cuerpo se encarga de enviar hormonas procedentes de la glándula maestra para atenuar este sufrimiento. Surge entonces en nosotros la reflexión de cuanto más duro e insoportable podría llegar a ser el dolor emocional y físico en realidad y por otro lado cuanta misericordia existe en el universo para paliar este evento. El dolor está relacionado con apegos que hemos desarrollado, pero a su vez con la ruptura y liberación de esas cadenas. Al topar fondo, que es el extremo “negativo” de la experiencia emocional, la inmensa plenitud de nuestros sentimientos de dolor y de dicha producen una liberación de energía en un efecto dominó que destapa cientos de sellos kármicos de encarnaciones anteriores, por lo mismo la energía de amor divino que estaba estancada se libera abrumando al alma por unos instantes, es decir que aquello que nos separaba de la luz divina se desbloquea y aparece de golpe la dicha y el dolor a la vez. Siempre al desear alcanzar en esta vida un estado profundo de amor, conexión y dicha recordaremos aquello que nos impedía alcanzarlo. No existe un modo de alcanzar la dicha sino a través del dolor máximo pues no son dos emociones distintas, son solo los polos extremos de una misma copa. Por lo mismo, emocionalmente hablando, cada vez que usted se aproxime al delirio del dolor, cuando crea que se le parte el corazón y su alma se agota de vivir, primero sepa que no tiene una experiencia real del verdadero dolor pues este puede ser aún mucho más intenso y en segundo lugar comprenda que está mucho más cerca de terminar con la cadena de sufrimiento y de alcanzar paz y verdadera dicha. Es una paradoja, lo sé pues la he vivenciado. No intente encontrar el verdadero amor desde el conformismo de sus sentimientos, normalmente suelen ser parámetros mediocres y egoístas.
