La oxitocina (del griego ὀξύς oxys “rápido” y τόκος tokos “nacimiento”) es una hormona producida por los núcleos supraóptico y paraventricular del hipotálamo que es liberada a la circulación a través de la neurohipófisis.1 Además ejerce funciones como neuromodulador en el sistema nervioso central modulando comportamientos sociales, patrones sexuales y la conducta parental. En las mujeres, la oxitocina igualmente se libera en grandes cantidades tras la distensión del cérvix uterino y la vagina durante el parto, así como en la eyección de la leche materna en respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé, facilitando por tanto el parto y la lactancia. En el cerebro parece estar involucrada en el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales y podría estar involucrada en la formación de relaciones de confianza2 y generosidad3 4 entre personas. Ejemplo de ello es que investigaciones han descubierto que la ausencia de la hormona oxitocina podría jugar un papel relevante en la aparición del autismo.5 También se piensa que su función está asociada con el contacto y el orgasmo.
La Osteopatía es una disciplina terapéutica, que pretende corregir los desequilibrios que acontecen en nuestro cuerpo desde un punto de vista holístico, en el que las diferentes partes de nuestro cuerpo se encuentran interrelacionadas. Según uno de los fundadores de la Osteopatía moderna, el norteamericano Andrew Taylor Still, nuestro cuerpo tiene todos los medios necesarios para su propia curación, simplemente es necesario recuperar el equilibrio corporal perdido y liberar las estructuras bloquedas. El osteópata aplica para ello diversas técnicas manipulativas, que pueden incidir sobre las estructuras músculo-esqueléticas, el cráneo y las vísceras.
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